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Sobre Duelos y Pérdidas


Nota realizada al Lic. Diego Mansilla y la Lic. Martha Tenaglia, de la Comisión de Psicología del Trabajo y las Organizaciones (Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba).

 

LV: Cuándo una persona pierde a un compañero de trabajo ya sea por muerte súbita, o tras larga enfermedad, suicidio, o despedida sorpresiva de su lugar de trabajo, ¿cuál son las fases o etapas de elaboración el duelo por la pérdida?

DM: Para comenzar habría que tener en cuenta que el duelo implica un proceso dinámico y complejo que involucra a toda la personalidad y funciones de un sujeto. El sufrimiento provocado por la pérdida de un ser querido o de una actividad (como puede ser el perder el trabajo), lleva casi siempre a una búsqueda de normalización de la situación, mediante un intento de reparación en el exterior o internamente.

Esto significa que frente a la pérdida de un trabajo, una separación de pareja, la muerte de un familiar, etc, el sujeto podrá intentar recuperar lo perdido, lo más rápidamente posible, para evitar el “dolor” que implica el proceso de “duelo” y la angustia de estar separado de él.

En un sentido más interno, reparar la pérdida del objeto perdido es un proceso intrapsiquico que suele constar con algunas etapas en la mayoría de los casos:

  • Primero: negar la situación, no entender que pasó, o no aceptar lo sucedido.
  • Segundo: el enojo, la ira y todas las manifestaciones relacionadas al dolor y a la angustia que evidencian el camino de reconocimiento de la pérdida.
  • Tercero: La etapa que Melanie Klein llama “depresiva”, en donde aparece los sentimientos de culpa o responsabilidad sobre la pérdida, o simplemente el reconocimiento de que esa persona, situación u objeto no estará más en ese lugar, con el desvalimiento que eso conlleva.
  • Quinto: La elaboración del proceso de duelo y salida exitosa de él se dará gracias a la aceptación genuina y real de la pérdida, aceptación que no significa sanar definitivamente o el olvidar lo perdido, sino el reconocerlo como una marca más de la vida sobre el cuerpo, los sentimientos y afectos. Aceptar la pérdida es aceptar que eso dejó un vació que nada, ni nadie podrá llenar… por eso en algunos casos se habla en esta etapa de resignación y resiliencia.

MT: El ámbito laboral se configura en muchos casos en el medio cotidiano de mayor estancia diaria por lo cual la carga de afecto genera un proceso similar a las reacciones ante las separaciones involuntarias en las relaciones familiares. Lo importante es que las organizaciones puedan en conjunto atravesar y propiciar que las personas que trabajan en ella puedan ir superando estas etapas de manera colectiva. La única forma para ello es no negando lo sucedido, entendiendo el enojo, angustia y resistencias que se pueden generar después de la pérdida, cabe aclarar que las organizaciones son heterogéneas y que la impronta de su cultura podrá facilitar o dificultar la elaboración del proceso. De la misma manera, las personas relacionadas en el medio laboral poseen diferentes trayectorias vitales que impactarán no solo en la duración y estilo de elaboración del proceso sino en el sentido mismo del sufrimiento provocado por la pérdida o ausencia.

 

LV: ¿Cuáles son los elementos facilitadores y disruptores del duelo? ¿Es saludable hacer el duelo en silencio o expresar la angustia, la tristeza, el dolor y el desasosiego que produce este hecho?

DM: Las diferentes formas de expresarse son canales que utilizará cada sujeto para intentar atravesar este momento, donde los sentimientos y emociones son dolorosas, y la mayoría de las veces resulta difícil avanzar. Hay personas que buscan encerrarse en si mismas, otras buscan evitar pensar actuando de manera compulsiva o maníaca (ya que mientras más hago, menos pienso o siento lo sucedido), otras que necesitan expresarlo verbalmente, y otras que no pueden hablar ya que hay pérdidas como la muerte que para ellos no tienen palabras.

MT: Poder conversar, narrar anécdotas, seleccionar recuerdos, se configuran en maneras de trabajo en la recuperación del impacto de una noticia de separación, pérdida o ausencia. El silencio entendido como pausa o reserva puede ser saludable también, en cambio, si el silencio es sinónimo de negación, aislamiento o represión, podría ser contraproducente.

DM: Algunas estrategias colectivas de defensa que se ponen en juego ante el duelo no necesariamete se despliegan frente a la situación traumática vivida, sino que pueden reactualizarse en cualquier expresión de sufrimiento o malestar generado en el trabajo.

Los trabajadores habitualmente buscan desviar la expresión de su sufrimiento hacia fuera del mundo del trabajo. En este sentido vemos que existe una profunda desestructuración de la ayuda mutua y de la solidaridad en todo el tejido social. La falta de reacción colectiva inmediata frente a situaciones traumáticas de pérdida, puede llegar a tener consecuencias severas en el futuro. La ausencia de reacción suele agravar los sentimientos de impotencia y de resignación. Al priorizarse el silencio, se clausura el debate y se suele incrementar los riesgos para la salud mental.

La recomendación en general es que se pueda consultar a un psicólogo organizacional los procesos de pérdida colectivos, y a un psicólogo clínico en caso que la angustia individual sea desbordante.

 

LV: ¿De qué manera se puede honrar a la persona fallecida para sanar las heridas de los integrantes del equipo de trabajo?

MT: Sería conveniente escuchar al equipo, conocer sus maneras de socializar dentro y fuera del ámbito laboral y explorar los recursos personales de cada miembro para poder hacer un buen tributo a la medida de los sentimientos que surgen en el equipo, sin invadirlos con ideas extrañas a sus maneras de relacionarse y cuidando la sensibilidades de cada integrante que paralelamente podría estar afectado por alguna experiencia personal similar.

Es importante comprometer a los miembros de la organización en actividades que fomenten el sentido de comunidad, continuidad y pertenencia. Algunas actividades que se pueden sugerir son: talleres de duelo; como un espacio de reflexión y contención emocional que ayuda a expresar los distintos sentimientos; Reuniones, comunicados personales y conmemoraciones colectivas, son sumamente apropiadas para que cada uno participe de manera voluntaria y de la forma que le resulte conveniente de un espacio grupal de reparación. Algunas veces después de que algunos compañeros dedican algunas palabras a la persona fallecida, se lee algo que se escribió en su memoria, se pueda compartir un momento vivido por medio de una imagen, un video con fotos, y hasta en algunas oportunidades, se coloca una plaqueta con el nombre del fallecido o nombra una sala de reuniones, dando una señal de lo importante que ha sido esa pérdida para el conjunto.

 

LV ¿Crees que las organizaciones y empresas están preparadas para ayudar a sus empleados a que elaboren los duelos laborales?

DM: La muerte en edad productiva, la pérdida o desvinculación de un empleo, las enfermedades inhabilitantes son vividas como injustas en la mayoría de los casos.

Intentando no caer en generalizaciones, en algunos ámbitos organizacionales se suele descuidar estos aspectos centrales y sumamente sensibles de los seres humanos, con un alto riesgo de generar un clima de malestar y angustia colectiva, que sin dudas puede llevar a repercusiones negativas en el plano individual.

Consecuentemente, la angustia suele aparecer como inevitable. Es por ello que consideramos que todo ámbito laboral debería prepararse tanto para las celebraciones como para las pérdidas, aceptando la humanidad de manera más realista, distanciándonos de la idea de que los directivos y recursos humanos solo deben dedicarse al diseño de espacios donde lo central sea la productividad del trabajador por sobre el resto de las cosas.

 

CÓRDOBA 10 DE MARZO DEL 2017