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Volver a otro lugar


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Salir de Casa:

El lugar es otro factor de relevancia al momento de pensar en las vacaciones, ya que habitualmente las personas vacacionan en espacios por fuera de los rutinarios. Por eso salir para aventurarse a otros ámbitos, aunque sea un fin de semana, ya es una gran cosa.

Salir del lugar donde se está elaborando cotidianamente la historia personal y/o familiar, retirarse un momento de lo que representa el pasado vivido y proyecto futuro, para experimentar unos días en un lugar que asuma un lugar fantaseado o deseado, puede ser para muchas personas reparador, mientras que para otras puede significar una pérdida del confort y soporte que la vida cotidiana le ofrece.

 

Ser o No ser:

El anonimato que proporciona estar en un lugar nuevo permite despojarse de las vestiduras para hacer del cuerpo y el entorno inmediato un escenario donde volver a encontrarse con uno mismo.

Priorizar la cartografía del cuerpo deseante, en lugar de la agenda de la vida contemporánea y de las preocupaciones del mundo en que habitamos, saca al sujeto de la mirada global para sumirlo en el placer por los pequeños detalles. Aunque sea por un momento.

Puede ser una pieza, una comida, un grano de arena, un copo de nieve, un árbol, un arroyo, una fogata, el mar, unas montañas. El detalle que sea, será suficiente para poner en suspenso de manera momentánea y hacer punto de fuga.

Hay casos más radicales en que salir significa la pérdida de la comunicación verbal o de identificarse con alguien (ejemplo en un país extranjero donde el idioma, costumbres, vestimentas, etc. son muy distintos a los propios).

Vivir sin tiempo y sin lugar es soñado por muchos durante más de 300 días al año. Pero por suerte eso es solo una fantasía. Vivir sin tiempo y sin lugar solo por lo que duran las vacaciones es soportable solo por eso, porque uno sabe que va a regresar. Y es cierto, hay algunos que no regresan y pueden construir una nueva historia en un nuevo lugar, pero para ello se requiere comprender otras cosas.

 

Volver, nunca al mismo lugar:

Volver de vacaciones puede ser sumamente displacentero, más aún si uno se da cuenta que uno disfruta de algo que nunca tendrá, no completamente.

A pesar de ello, el deseo empuja y pide que lo recorramos, como se pueda y en los tiempos que se dispongan. Recorrer pero sin correr muy lejos de la fragilidad imaginaria que otorga el yo (identidad), para regresar a reencontrarnos con nuestra historia y mirarla desde otro lugar.

 

Nota realizada por Lic. Diego Mansilla Galdeano